La Argumentación en la Escuela

Un aporte de la Dirección de Educación de Nogales

En la escuela actual señalamos constantemente que los estudiantes tienen la ausencia de la competencia argumentativa en nuestros jóvenes y adultos, es decir, no cuentan con la capacidad que posee un sujeto para construir un punto de vista y defenderlo a partir de un cúmulo de argumentos que desencadenen en una conclusión, con el propósito de persuadir a sus interlocutores de su verdad; o como lo plantea Camps, A (1995:52):

 

 La argumentación presupone una diferencia en la representación de una determinada situación y una cierta resistencia al punto de vista y a las razones del argumentador. Lo que éste se propone es reducir la diferencia con la utilización del lenguaje, para lo cual plantea su punto de vista, con un cúmulo de argumentos que necesariamente deben llevar a una conclusión, con la cual busca persuadir a otros-

 

Dada la importancia de esta competencia en la formación integral de los seres humanos y sobre todo para el ejercicio de la democracia, se considera importante revisar críticamente las prácticas de enseñanza de la lectura, la escritura y la argumentación en la educación básica y media en nuestra comuna,  tratando de descubrir si existen  propuestas didácticas encaminadas a desarrollar la argumentación oral y escrita en nuestros estudiantes.

 

En la educación básica, existe en algunos sectores la creencia que, dada la incapacidad cognitiva y lingüística de los niños para ejercer la argumentación, no tiene sentido diseñar e implementar ningún tipo de secuencia didáctica encaminada a dinamizar su desarrollo, lo que sin duda es una carencia que debe ser resuelta, al iniciar un trabajo gradual a partir de los primeros años, es probable que en los grados siete u ocho, logremos tener buenos argumentadores, lo cual les facilitará su trabajo en la educación media, transformando a los estudiantes en líderes, capaces de dar a conocer sus ideas y argumentar en favor de ellas, sea con un interlocutor, frente a un grupo de pares o en un salón de clases.

 

Una de las tareas de los docentes es reconocer y valorar desde edades tempranas aquellas manifestaciones orales o escritas de la competencia argumentativa , a partir de determinadas situaciones de aprendizaje como lo es la promoción de los debates en el aula motivados por la lectura de diferentes tipos de textos o, situaciones de la cotidianidad pedagógica que les implique a los niños defender un punto de vista con sus respectivas justificaciones, como por ejemplo, el rechazo de algunos niños de cinco o seis años para colocarse una chaqueta cuando llueve o hace frío o, las razones que presentan en el momento de justificar su negativa para participar en determinadas actividades, o sus explicaciones en torno al porqué de su predilección para ver ciertos programas de televisión y no otros, etc. En estas situaciones donde emergen diversos tipos de argumentos, se puede observar que la calidad de los mismos no depende sólo de la competencia cognitiva de los niños sino también de su experiencia lectora y de otro tipo de vivencias, es decir de la calidad de sus conocimientos previos.

 

Si bien en las prácticas discursivas mencionadas no se cumple con todos los requerimientos de una argumentación razonada, si la promueven. En estas situaciones los niños se ven abocados a defender una posición frente algún tema o actividad particular de la cotidianidad, lo que les exige pensar y esgrimir algunas razones que justifiquen dicha posición. Ahora bien, además de reconocer en estas justificaciones la génesis de la competencia argumentativa, es importante que nosotros  los profesores dinamicemos este proceso a partir de intervenciones didácticas, las cuales pueden estar centradas en la continua indagación, guiando al estudiantes a través de preguntas, las cuales deben tener como principal característica no poder dar como respuesta un monosílabo.

Si a los niños y niñas,  se les acompaña didácticamente en este proceso de desarrollar la argumentación, ellos cada vez se exigen más y en consecuencia, dan más. Pues, mientras más pequeños, es necesario intervenir más. Lo que en algunas ocasiones se realiza preguntando y en otras leyéndoles determinados textos que les puedan inspirar o dar información de cómo continuar argumentando. El tipo de intervención es clave, si ésta se reduce a invitarlo a escribir sin darle más información, o simplemente se le sugiere el tema, es posible que la respuesta escritural sea muy pobre. Pero, si le ampliamos un poco más la situación comunicativa de tal forma que motive la escritura, su respuesta en términos de producción textual será mejor cualificada.

 

En esta perspectiva, de la enseñanza de la argumentación, Dolz, J. (1995:67) plantea lo siguiente:

El discurso argumentativo es una actividad verbal específica cuyo aprendizaje está determinado por el contexto social y las intervenciones escolares. La escuela debería ser el lugar por excelencia de su aprendizaje para permitir el desarrollo de unas capacidades mínimas y la construcción de una base cultural común sobre la argumentación para todos los alumnos. Desde mi punto de vista, seis son los elementos a tomar en cuenta para desarrollar una enseñanza sistemática de la argumentación, estas son:

a)       Las situaciones de argumentación

b)        La estructura de base de los argumentos

c)        Las operaciones específicas de la argumentación

d)        Las estrategias

e)        Los procedimientos retóricos

f)         La planeación.

 

Al introducir en el aula de clase de los niños de la educación básica determinados tipos de textos donde predomina la argumentación, como editoriales, artículos de opinión y cartas de los lectores de periódicos de circulación regional o nacional, y, además implementarse algunas secuencias didácticas encaminadas a mejorar la comprensión de este tipo de textos, como es el caso del trabajo didáctico a partir de su superestructura, es decir, donde los niños tengan que identificar la intención y la tesis que defiende el autor, los argumentos que esgrime y la conclusión. Estrategias de este tipo, pueden jalonar el desarrollo de la argumentación oral y escrita, pues, el conocimiento de las superestructuras textuales facilita la comprensión y la producción textual.

 

No debemos esperar que los niños y niñas, lleguen a los grados avanzados de la educación básica, para empezar a trabajar la argumentación, esa enseñanza tardía puede ser una de las causas más significativas de las dificultades que experimentan los jóvenes y adultos para ejercer esta competencia.

Será  función de nuestras  escuelas  familiarizar a los niños desde temprana edad con este tipo de textos. Es una tarea ineludible de nuestras escuelas, entregarnos competencias que nos permitan tener una sensibilidad desarrollada para desarrollar argumentos, los cuales deben reunir la condición especial de ser de calidad.

En educación nos hemos dedicado más a esgrimir las causas que dificultan la argumentación, que a desarrollar una didáctica encaminada a lograr que nuestros estudiantes incorporen la competencia, por mucho tiempo se ha dejado esta tarea a la educación media, encontrándonos al final del ciclo de los doce años, con un número significativo de estudiantes que no han desarrollado la competencia, lo que sin duda dificulta de gran manera la continuación de estudios superiores.

 

La psicopedagogía , nos  da luces al respecto, sobre todo los trabajos de Vigostky, en la medida que en su teoría el aprendizaje no está supeditado al desarrollo, sino que éste puede ser potenciado por las prácticas de enseñanza. Igualmente, sus conceptualizaciones en torno a la zona de desarrollo próximo, donde se reivindica el papel de los intercambios de las subjetividades en las relaciones interpersonales como una forma de enriquecer los desarrollos intra psíquico.

 Vigostky es más un psicopedagogo de la posibilidad que de la limitación, pues su teoría no se centra tanto en los prerrequisitos para lograr un determinado aprendizaje sino en el poder de las interacciones sociales entre los individuos y en el rol  de la enseñanza.

 

Hoy más que nunca urge desarrollar la competencia argumentativa en nuestros estudiantes. De tal manera que aprendan a resolver sus conflictos a partir de la palabra, sea esta oral o escrita. Donde se reconozca que el verdadero poder es el que se ejerce a partir de la fuerza de los argumentos. En esta dirección Camps, A. y Dolz, J. (1995:7) plantean que:

 

Saber argumentar constituye, para todos los actores de una democracia, el medio fundamental para defender sus ideas, para examinar de manera crítica las ideas de los otros, para rebatir los argumentos de mala fe y para resolver muchos conflictos de intereses. Para un joven o un adolescente, saber argumentar puede ser aún más importante: constituye el medio para canalizar, a través de la palabra, las diferencias con la familia y la sociedad. Así pues surge la conveniencia de crear situaciones reales o simuladas en que los niños o los jóvenes tengan posibilidades de llevar a cabo todas las operaciones propias de la argumentación y ejercitarse en las estrategias implicadas.

 

El no considerar en la escuela las habilidades comunicativas como procesos complejos determinados esencialmente por el pensamiento y el lenguaje se incurre en la implementación de una serie de estrategias didácticas para enseñar, por ejemplo, a leer y a escribir que dificultan en los niños el desarrollo de la argumentación, como es el caso de la copia descontextualizada, las tediosas planas, las frases esteriotipadas como “mi mamá ama ese oso”. Es decir, pareciera que todo estuviera intencionalmente organizado didácticamente en el aula de clase para que los niños no ejerciten la argumentación. Realmente no sabemos de la potencialidad de los niños para desempeñarse en esta competencia, pues no se les ha brindado la posibilidad didáctica adecuada para que lo demuestren (Cotteron, 2003).

 

Tal vez, los niños(as) de la educación primaria, no estén en condiciones de realizar una argumentación, y sobre todo la escrita, con todos los requerimientos lingüísticos y cognitivos formales, pero si pueden realizar estructuras muy aproximadas. Al respecto Cotteron (2003:93), plantea lo siguiente:

Numerosos profesores consideran aún que la enseñanza de la argumentación debe reservarse a los alumnos y alumnas de enseñanza media, y no hay por qué dirigirse a los estudiantes de básica, considerados demasiado jóvenes. Ahora bien, las investigaciones actuales sobre los textos ponen en evidencia un cierto número de capacidades discursivas de los niños para argumentar (Brassart, 1990; Golder, 1992). Estos, a su nivel y en buenas condiciones, utilizan esta función del lenguaje psicológica y socialmente tan importante como es la de “argumentar” es decir, de saber defender sus ideas, ponerse de acuerdo para una acción común, confrontar opiniones diferentes. ¿por qué ignorar esta función del lenguaje, dejarla que evolucione de manera muy desigual según el medio social y/o familiar hasta la adolescencia...edad en la que estaría “ permitido”, sería útil aprender a argumentar?.

 

En esta perspectiva nos sumamos, a los resultados de las investigaciones de Dolz (1995), quien se cuestiona, si la falta de ciertas capacidades argumentativas de los alumnos de la educación básica primaria se deben a ciertas limitaciones cognitivas propias de la edad o a la ausencia de una enseñanza sistemática de la argumentación, que no les ha permitido un trabajo de abstracción y generalización y, por lo tanto, el desarrollo de ciertas habilidades específicas para ejercitar la argumentación.

 Bibliografía.

Bereiter, C. y Scardamalia, M. (1992). “Dos modelos explicativos del proceso de composición escrita”. En: Infancia y Aprendizaje, 58.

Camps, A.(1995). “ Aprender a escribir textos argumentativos: características dialógicas de la argumentación escrita”. En: Comunicación, lenguaje y educación. Madrid. No 26. Págs 51-65

Camps, A, y Dolz, J.(1995). “ Introducción: un desafío para la escuela actual” En: Comunicación, lenguaje y educación. Madrid. No 26. Págs 5-9

Cotteron, J. (2003). “¿Secuencias didácticas para enseñar a argumentar en la escuela primaria?. En: Camps, A. y otros. Secuencias didácticas para aprender a escribir. Barcelona: Grao. p.p. 93-109.

Dolz, J. (1995). Escribir textos argumentativos para mejorar su comprensión. En: Comunicación, lenguaje y educación. Madrid. No 26. Págs 65-79

Ferreiro, E. (1999). Cultura escrita y educación. Conversaciones con Emilia Ferreiro. México: Fondo de Cultura Económica.

Ferreiro, E. y Teberosky, A. (1979). Los sistemas de escritura en el niño. México: Siglo XXI.

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